La historia del vestido negro

Después de la Primera Guerra Mundial, el negro dejó de ser sinónimo de luto y las mujeres que habían empezado a no depender exclusivamente del hombre, buscaron una forma de vestir simple y funcional, asegurando siempre la comodidad. El negro era el color que vestían los sirvientes porque era sencillo de lavar, mientras que a las damas de alta clase, se les asignaban los tonos más claros, difíciles de conseguir y más caros de mantener. Esta nueva generación de mujeres necesitaban una vestimenta que les permita moverse con libertad, y es ahí cuando aparece el vestido negro.

Coco Chanel, inspirándose en el traje masculino, diseñó un vestido que no necesitaba de mayores adornos ni acabados, un vestido que permitía la movilidad, pero sin perder distinción. El color elegido fue el negro, un color neutro para que pueda ser usado en cualquier ocasión. Fue así que Coco Chanel creó un básico que no ha pasado de moda en más de 90 años, convirtiéndose en una prenda femenina que hoy es un clásico indispensable que toda mujer debe tener en su armario.

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El vestido negro de Chanel fue la auténtica revelación en los años 20. Corría el año 1926 cuando la prensa especializada hacía eco de la nueva creación emblemática de la diseñadora parisina, y el primer vestido producido en masa que, desde entonces no ha pasado de moda, y sin duda uno de los mejores aliados para lucir elegante. Ninguna pieza ofrece tantas posibilidades creativas y atemporales como él. El poder de esta pieza radica en que es muy fácil combinarla.

Las divas de Hollywood a lo largo de los años 40, 50 y 60 vistieron de negro no sólo en la gran pantalla, sino que se dejaron retratar por los mejores fotógrafos con creaciones de Molineaux, Balenciaga, Dior, Givenchy e Yves Saint Laurent, todas de negro. ¿Quién no recuerda a Audrey Hepburn en la película “Desayuno con diamantes”, vestida con un largo traje negro, sin mangas, mientras sostiene una boquilla humeante, o a la seductora Catherine Denueve en la presentación de la película Repulsión, con un vestido negro plisado? Estos trajes transformaron la personalidad de las mujeres que los lucieron, tanto, que todavía aparecen en la memoria colectiva.

Una chaqueta lo hace adecuado para la oficina, y si agregas perlas en el cuello, se convierte en un clásico de fiesta. Con muchas pulseras y argollas doradas se vuelve glamoroso, y lo más importante, los zapatos adecuados pueden darle el giro buscado, además es elegante, con clase y muy sexy, el negro afina la silueta y favorece.

En terciopelo, muselina, seda, satén, organza, con encajes, bordado, con transparencias, de manga corta, o con escote, miles versiones en las que este clásico se ha dejado ver vistiendo a las celebridades más elegantes. Su estilo incomparable lo han convertido en presencia habitual en los mejores eventos y en todo un básico infalible.

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Christian Dior afirmó años después: “Puedes llevar negro a cualquier hora del día o de la noche, a cualquier edad y en cualquier ocasión. Un vestido negro es la cosa más esencial en el armario de una mujer”.

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